Origen de la representación iconográfica de la Virgen de Belén

 

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Autor: Ven. D. Jerónimo Usera y Alarcón

 

Revisor: Rev. P. Ángel Díaz Cáceres

 

Diseño: Arq. Héctor Balvanera Alfaro

 

Transcripción: Sra. Marta de L. Latorre Montañez y Dr. Miguel Norbert Ubarri

 

Imprimatur (1944): Rev. Mons. Mariano Vasallo, P. A., Censor Librorum.

 

 

San Juan de Puerto Rico

2015

 

Sobre la fiesta litúrgica.

 

Antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, cuando la Solemnidad de la Epifanía tenía su octava, la devoción de Nuestra Señora de Belén, la más antigua de Puerto Rico, se celebraba el domingo siguiente a la solemnidad de la Epifanía o Día de Reyes, conocido en San Juan como el Domingo de Belén.

 

Desde el 27 de febrero de 1997 la devoción a la Virgen de Belén tiene memoria litúrgica el 3 de enero, entre las solemnidades de Santa María Madre de Dios y la Epifanía. Tiene misa y oficio propios: Leccionario, Celebraciones propias de Puerto Rico, 1998, págs. 17-18; Misal Romano, Misas propias de Puerto Rico, 1998, págs. 129-131; Liturgia de las horas, Propios de Puerto Rico, 1998, págs. 19-20.

 

Criterios de esta edición.

 

Las notas a pie de página al prólogo del venerable Jerónimo Usera y Alarcón son las mismas que figuran en la edición de 1944.

 

En esta nueva edición de 2015, revisada por el Rev. P. Ángel Díaz Cáceres, se han realizado algunas modificaciones. Se han puesto en negrita algunos conceptos, expresiones y oraciones de alto valor religioso e histórico. Algunos fragmentos han sido suprimidos, unos por carecer de suficiente fundamento teológico, otros para no limitar la devoción a una expresión de piedad antigua, o a un lugar de culto específico. También se ha sustituido el uso de la palabra adoración, por veneración a la Virgen, y, para efectos pastorales, el uso del pronombre vosotros por el ustedes hispanoamericano. También, para mayor claridad, conservando la sintaxis y redacción original, en algunos casos se ha actualizado la puntuación, siguiendo las normas de ortografía vigentes.


 

 

AL PUEBLO DE PUERTO RICO

y

Muy particularmente a los Devotos Cofrades

de la

SANTÍSIMA VIRGEN DE BELÉN

 

Hay una creencia piadosa, y muy común en este pueblo, que supone aparecida la imagen de Nuestra Señora de Belén[1] que se venera en el convento de RR. PP. Predicadores de esta ciudad[2] haciendo remontar la referida aparición al año de 1511, época en que se fundó este pueblo.[3]

 

Esta creencia piadosa es de gran consuelo para nosotros. Porque al menos ella nos dice que esa sagrada imagen de Belén es hija de la piedad de nuestros abuelos, y que esta gran Señora existe ahí para ser el amparo, el remedio y el refugio de los fieles habitantes de Puerto Rico. Abrid por donde queráis la corta pero gloriosa historia de este pueblo, de la isla entera, y encontraréis recuerdos de las grandes misericordias que en todos tiempos y ocasiones ha alcanzado para nosotros la Santísima Virgen de Belén. Si alguna vez una rigurosa estación amenazó hacer estériles los fértiles y hermosos campos de esta Isla, las súplicas y los ruegos de nuestros mayores, que se dirigen llenos de fervor y de devoción a su Santísima Compatriota la Virgen de Belén, devuelve a aquéllos su verdor y lozanía.

 

Si en otra ocasión fieros enemigos de la verdad católica acometen en diversas épocas con numerosas naves y aguerridas huestes, ya los puertos de varios pueblos de la Isla, ya los débiles muros de esta ciudad, guardados unos y otros por el valor y fidelidad de un puñado de puertorriqueños, éstos al blandir sus aceros exclaman inspirados por un santo fervor: ¡Virgen Santísima de Belén, sálvanos! Y con este lábaro de paz y de gloria en sus manos, llena de fe cristiana sus almas, y de ardor patrio sus corazones, se lanzan a la pelea, baten a sus adversarios, los arrollan, los destrozan y los ponen en precipitada fuga.

 

Por último, si Dios, por su justos juicios y por nuestros pecados, permite que este pacífico y afortunado país sufra también los tragos de una peste asoladora, Puerto Rico, gracias a su Santísima Compatriota la Virgen de Belén, se salva igualmente por esta vez, de la completa ruina en que ha dejado a otros pueblos ese castigo providencial del cielo.

 

En corroboración de esto, en la descripción que hace de esta Isla y su capital el licenciado D. Diego de Torres Vargas, canónigo de esta santa iglesia Catedral de Puerto Rico, remitida a España en 23 de abril de 1647, al señor cronista maestro Gil González Dávila, al hacernos mención este respetable canónigo del convento de Santo Domingo de Guzmán, se expresa de este modo: "el convento de Santo Tomás de Aquino del orden Dominico, también tiene muchas capellanías que valdrán la mitad de lo que la Iglesia; es convento grave y en tal asiento fundado que mueve a devoción juntamente con las imágenes que tiene, entre las cuales está en el altar del Sr. San José, Nuestra Señora de Belén, en un cuadro pequeño como de tres cuartas y antiquísimo, pero tan lindo y lucido como si acabara de hacerse, habiendo más de cien que está en dicho convento: esta santa imagen estuvo muchos años en el dormitorio del convento en el altar particular, y por tradición se tiene que le cantaban algunas noches a maitines los ángeles, y siempre los religiosos de aquel convento y vecinos de esta ciudad la han tenido y tienen en suma veneración.”[4]

 

En una palabra: la historia de la imagen de Belén, no es más que un cúmulo de gracias y de mercedes alcanzadas por la Santísima Virgen en favor del pueblo puertorriqueño.

 

¿Quién de nosotros, al oír estos hechos, no querrá servir, honrar y amar siempre a esta Virgen piadosísima, refugio de pecadores y consuelo de afligidos?

 

¡Sí, María piadosísima y clemente! estamos resueltos a amaros siempre. Alcánzanos las gracias del Cielo para aborrecer la culpa, para detestar el pecado y para practicar la virtud. Sólo así podremos ser fieles a la vida y en la muerte, en el tiempo y en la eternidad.

 

¡Virgen Santísima de Belén! Aquí tienes tu pueblo, al que tantas veces has salvado del hambre, de la peste y de las manos de tus enemigos: salva ahora nuestras almas; no consientas, Señora, que ellas permanezcan jamás en pecado. De esta manera te alabaremos y bendeciremos dignamente ahora en la tierra, y después en la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Doctor Gerónimo M. Usera

 

 

 

NOVENA

A NUESTRA SEÑORA DE BELÉN

 

Por la señal…

Acto de contrición.

 

 

INTRODUCCIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

 

¡Dios misericordioso de amor infinito! Jesús amabilísimo! Redentor divino, que con tu sangre preciosa compraste nuestra libertad y nuestra gloria, rompiendo las duras cadenas de la culpa; haz, Señor, que mi alma viva siempre agradecida a tantas gracias y misericordias. ¡Oh Dios y Señor mío! temo el lance terrible de mi muerte: porque hasta hoy día he pagado con ingratitud tan grandes beneficios. Ya, Dios mío, no me queda otro arbitrio que el de recurrir a la protección de tu querida Madre, representada por esa bellísima imagen de Belén, para servirnos de amparo y de remedio en nuestras necesidades, de escudo contra nuestros enemigos y de consuelo en nuestras aflicciones. ¡Alabado una y mil veces seas, Dios de bondad, que tanto poder y virtud quisiste dar a tu Madre! Merezca yo ser devoto y buen servidor de esta Señora en esta vida, a fin de gozar eternamente de su hermosa presencia en los cielos. Amén.

 

DÍA PRIMERO

 

Consideraremos hoy el estado infeliz y desgraciado en que yacía el linaje humano después del pecado del primer hombre.

 

Era una raza maldita por Dios, condenada a pasar trabajos en esta vida, a morir después y a sufrir por último eternamente las consecuencias del pecado. Solo podía librar la raza de Adán de tan justo y tan merecido castigo la misericordia del mismo Dios y Dios la libró en efecto, obrando la redención del hombre por medio de su divino Hijo. Y a esta grande obra asocia la Virgen Santísima, eligiendo esta gran Señora para ser Madre del Verbo y al mismo tiempo para ejercer piadoso oficio de abogada de los pecadores.

 

Considera el grandísimo amor de Dios hacia nosotros, pues entre muchos medios menos costosos para él, que pudo haber elegido para salvar al hombre, escogió el que más le humillaba, si bien era el más a propósito para ensalzar al hombre, pues nada podía honrar tanto a nuestra raza como contar en el número de sus individuos al Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad. De manera que para comunicarnos su grandeza, Dios se humilló hasta nosotros; y hace de impasible, mortal; de eterno, temporal; y de Señor y de Rey que es, se convierte en esclavo y oprobio de la tierra.

 

Considera así mismo, las muchas virtudes y perfecciones con que adornó el Señor a la que con su Hijo Redentor eligió por cooperadora de la redención del género humano. ¿Cuántas gracias debemos al Señor por la señalada merced que hizo a la Santísima Virgen, y al mundo por ella, escogiéndola por madre suya que también lo es nuestra, y abogada de pecadores. Por tu mediación todos tenemos entrada hasta el trono de la divina misericordia; pues hasta hoy ninguno ha sido de veras devoto de la Virgen que no haya llegado al puerto de la salud.

 

Supliquemos, pues, a esta Santísima Virgen, nos conceda su valimiento a fin de que jamás seamos vencidos por las sugestiones del enemigo de nuestras almas, que nos dé aliento para resistir las tentaciones y nos conceda hoy principalmente lo que le pedimos en esta santa novena.

 

Pide ahora cada uno a Nuestra Señora de Belén le alcance de su divino Hijo lo que más necesite.

 

ORACIÓN PARA EL DÍA PRIMERO

 

¡Oh dulcísima María! en cuyas virginales entrañas habitó el Verbo divino hecho hombre. Tú eres aquel sagrado templo en el que la Santísima Trinidad depositó el tesoro de su grandeza y de sus misericordias, el poder del Padre, la sabiduría del Hijo, y el amor del Espíritu Santo. ¡Liberalísima Señora! Ten piedad de nuestras pobres almas concediéndoles las gracias de que carecen. Contigo todo lo somos y sin ti nada, sino culpa y pecado. En tus manos, Madre de misericordia, está nuestro remedio, reparte con nosotros el tesoro de tus gracias.

 

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

 

Dios te salve Madre purísima, hija de Dios Padre; Dios te salve, bellísima María, madre de Dios hijo; Dios te salve, María dulcísima, templo y sagrario de la Santísima Trinidad. Dios te salve mil veces, María llena de gracia y concebida sin pecado original. Tanta pureza, tanto amor, tanta dulzura y tanta gloria se refleja en tu aparecida y gloriosa imagen de Belén; y por eso te saludamos llenos de esperanza y de contento. Y salve también te dicen, Señora, todas las criaturas; y salve dicen a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, piadosa Madre, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo. Amén, Jesús.

 

O puede hacer esta otra oración final:

 

Santísima María, te damos gracias infinitas por las muchas bondades que nos haces, pues, además de emplearte en el cielo en servicio nuestro, nos das a conocer tu especial afecto y cariño, por medio de esa milagrosa imagen de Belén, para gloria y amparo de tus hijos y devotos. Así que, postrados en tierra, te tributamos las expresiones más tiernas de gratitud y de amor por merced tan singular y nunca bien merecida. No permitas jamás, oh piadosísima María, que nos apartemos de ti; asístenos en la hora de nuestra muerte, defiéndenos de nuestros enemigos y líbranos de morir en pecado, a fin de que podamos alabarte y bendecirte con los ángeles y los santos en el cielo, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

DÍA SEGUNDO

 

Cómo María fue hecha Madre del Verbo en la anunciación del ángel San Gabriel.

 

Hallábase la Virgen Santísima retirada, cuando un ángel le anunció que concebiría en su seno y que daría a luz un hijo, a quien llamaría Jesús. Cuanto más se reflexiona sobre este misterio, cuanto más se admira, más y más nos llena de estupor y de asombro la altísima dignidad a que fue elevada la Virgen María. Hasta entonces a nadie habían sido dirigidas palabras de tan grande significación y excelencia. María, sometiéndose a la voluntad de Dios, que la eligió por madre, quedó hecha Madre de Dios. ¡Oh abismo de bondad y misericordia! ¡Oh santa y profunda humildad de María que la lleva hasta ser Madre de Dios! Sí, San Bernardo mismo la dice: "María concibió al Verbo por su humildad". Es decir, que la humildad fue la causa de oír la Santísima Virgen aquella situación del ángel: Ave María gratia plena. "Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo." No puede decirse más en su elogio. Con María está el Padre, Señor de todas las cosas; con ella está el Hijo, Señor de todo lo creado, y a quien concibió entre su vientre. Y con María está el Espíritu Santo, Señor, igualmente que el Padre y el Hijo, por cuya virtud la Virgen es Madre.

 

Alcánzanos, Virgen Santísima, esa virtud santa de la humildad que te elevó a tan alto grado de gloria: virtud muy amada de Dios, y de la que tu Divino Hijo nos dio grandes y frecuentes ejemplos. Alcánzanos esa virtud que nos hará mansos, modestos y pacientes: tranquilos con nosotros mismos, y amados de Dios y de nuestros prójimos. Y por último, consigamos por tu intercesión lo que te pedimos en esta novena.

 

Pida ahora cada uno... etc.

 

ORACIÓN PARA EL DÍA SEGUNDO

 

¡Oh hermosísima María! Desde la eternidad el Altísimo te eligió por madre suya, y esta elección nos trajo la salud, la alegría y el contento. Tú, dulcísima María, eres el jardín sembrado de deliciosas flores que produjo a Jesús, rosa del campo, azucena de los valles y árbol verdadero de la vida. Ahora, bellísima María, concédenos adornemos nuestras almas con el tesoro de gracias y de virtudes que encierras: y muy principalmente con la santa humildad que te condujo a la alta excelencia de ser Madre de Dios. Así nos haremos dignos de ti y de tu divino Hijo.

 

A este fin, imitando la fe y la piedad de nuestros mayores, nos dirigimos a tu santísima y milagrosa imagen de Belén para repetir muchas veces la salutación angélica. ¡Oh buena Madre de los pecadores! Que no se aparte jamás de nuestros labios "el Dios te salve, María", que este "Ave María" sea el dulce imán de nuestros corazones para aborrecer lo que Dios aborrece y para amar todo lo que Dios ama. Esto mismo fue lo que ofreciste por medio de tu siervo Domingo de Guzmán a todos los que recen tu Santísimo rosario.

 

Y así esperamos por un verdadero dolor de nuestras culpas, hacernos dignos de que un día nos muestres en la gloria a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

 

Oración final, como en el primer día.

 

DÍA TERCERO

 

La visita que nuestra Señora hizo a su prima Santa Isabel.

 

María Santísima se llenó de gozo al saber que su prima Santa Isabel llevaba hacia seis meses en su vientre el precursor del Mesías, San Juan Bautista. Y luego sin pensar en lo dilatado y penoso del camino emprende un viaje por tierra y montañas áridas y escarpadas, para felicitar a su prima. El viaje no era fácil pero todo lo allana y facilita su caridad y su celo; pues dice San Ambrosio, que la caridad no sufre tardanza ni dilaciones. Llegada a la presencia de su prima Santa Isabel, ésta la saluda con el "Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre". Y María Santísima le contesta con el célebre cántico de Magnificat. Ese divino cántico que atestigua la profunda humildad de María y el modelo más excelente para manifestar nuestra gratitud y nuestro reconocimiento al cielo.

 

¡Cuántos misterios y cuántas lecciones se encierran en esta santa visita! Ella nos enseña la manera de hacer las nuestras, y el mucho aprovechamiento que podemos sacar de las que nos haga la Virgen Santísima. Las grandes virtudes de humildad, de atención y de caridad que ejecutó entonces esta Señora, deben servirnos de instrucción para arreglar nuestra conducta; así como las maravillas que obró Dios por medio de María nos deben inclinar a amar más y más a esta Señora, mirándola siempre como a nuestra vida, nuestra dulzura y nuestra esperanza después de Jesucristo.

 

Así lo creemos y así lo esperamos; alcánzanos, pues, humildad profunda, caridad ardiente y principalmente lo que te pedimos en esta novena.

 

Pida ahora cada uno... etc.

 

ORACIÓN PARA ESTE DÍA

 

¡Oh María! Llena de perfección y de gracia: tenemos una particular complacencia en confesar con la Santa Iglesia que en tu concepción purísima fuiste libre de toda culpa y pecado original. Porque Dios podía hacerlo, porque quiso hacerlo, y porque así convenía hacerlo: el Señor te libró de toda culpa en tu concepción inmaculada, enriqueciéndote, además, con tantos dones de santidad y de grandeza, que excedes en gracia y en hermosura no sólo a todos los santos sino a los mismos Serafines. ¡Oh María amabilísima de amor puro y casto! Libra a nuestras almas de caer en pecado, porque el pecado trae consigo la deshonra, los remordimientos y la perdición eterna de nuestras almas. Elevaremos continuamente nuestras súplicas hasta tu hermosa presencia, pidiéndote con todo nuestro corazón que no apartes jamás de nosotros esos tus ojos de piedad y de misericordia. Así estaremos seguros de vencer nuestras pasiones, de despreciar los falsos deleites del mundo y de alcanzar el eterno descanso de nuestras almas.

 

Oración final...

 

DÍA CUARTO

 

Viaje que hizo la Virgen Santísima con su esposo San José a Belén.

 

Aunque Nazaret, ciudad de la tribu de Zabulón, era la ordinaria residencia de la Virgen y de San José, la Divina Providencia quiso que se encontraran al tiempo del nacimiento de Jesús en Belén, población situada a treinta leguas de Nazaret. Y fue de esta manera. El emperador Augusto mandó que se empadronaran todos sus vasallos; esta orden obligaba a los judíos a presentarse en el lugar de donde cada familia descendía, y por esta razón María y José pasaron a Belén, que era la ciudad de David, a cuya familia pertenecían ambos.

 

Era tanta la influencia de gente que iban a empadronarse y tanta la pobreza de la Virgen Santísima, que no hallaron para albergarse en Belén más que un miserable rincón, que servía de establo a unas bestias. Y allí, en aquel rincón, en aquel pobre establo, dio a luz la Virgen Santísima al Hijo de Dios.

 

Consideren, hermanos míos, qué poca importancia deben tener los bienes de la tierra, cuando Dios mismo así los despreciaba, permitiendo que su divino Hijo naciese, no bajo la dorada techumbre de un palacio, sino bajo los escombros de un miserable portal. Consideren, hermanos míos, el ejemplo de abnegación, de paciencia y de santa pobreza que nos ofrece la Virgen Santísima, resignándose contenta y alegre a habitar aquel pobre lugar, quizás el más pobre y el más miserable de toda la comarca. ¡Oh! ¡Quién hubiera podido ofrecerle en aquel día un lugar de abrigo y reposo; qué dicha la de aquel en cuya casa hubiera nacido el Redentor del mundo! Pues hoy mismo, hermanos míos, María Santísima, llama a nuestras puertas y hoy mismo podemos darle albergue en nuestros corazones. ¡Oh! Y con cuánto gusto te la damos, Virgen Santísima de Belén. Ven, y posa dentro de nosotros mismos a fin de que nos enseñes a amar la santa pobreza, a ser sufridos y resignados en nuestros trabajos; y para que finalmente nos alcances lo que te pedimos en esta novena.

 

Pida ahora cada uno... etc.

 

ORACIÓN PARA ESTE DÍA

 

¡Oh dichosísima María..! Modelo de sencillez y de humildad, enséñanos a amar tan santas virtudes y defiéndenos con tu gracia de caer en los vicios abominables de la ambición y de la soberbia. Humildes y sencillos, seremos dignos de tu compañía, de la de tu Divino Hijo y de la de tu castísimo esposo José, como lo fueron los ángeles que te cantaron en Belén y los pastores a quienes anunciaron tu gloriosa maternidad. Pobres y sencillos, mereceremos el aprecio del cielo y de la tierra, pasaremos en santa paz nuestra vida, y seremos por fin coronados de gloria en los cielos. Alcánzanos, pues, humildísima María, una verdadera sencillez de corazón, que nos traiga aquellos bienes.

 

Oración final...

 

DÍA QUINTO

 

Nacimiento del hijo de Dios en Belén.

 

Después de cinco días de una penosa marcha, la Virgen y San José llegaron a Belén. Fuera del recinto de la ciudad había una magnífica posada que daba albergue a una multitud de viajeros de todas clases y edades. Allí llega San José y pretende un pequeño aposento para él y la Santísima Virgen, pero la posada abundaba en mercaderes y viajeros ricos, que en circunstancias tan apuradas pagaban a precio de oro los servicios que se les hacían, mientras San José era pobre y apenas tenía con qué pagar el sustento necesario, y por lo tanto se le negó la entrada.

 

Entonces fue cuando encontrando la Santísima Virgen y San José una caverna oscura y desamparada, que servía de establo a unas bestias, se albergaron en ella, y aquí fue donde al punto de la media noche la Virgen pura dio a luz a un ser tierno, paciente y misericordioso como ella; y un ser sabio, fuerte, poderoso y eterno como Dios.         Allí nació el Mesías anunciado por los profetas, el Cristo de los cristianos, el Rey de los cielos, y a quien los ángeles adoran en lo más encumbrado de la gloria.

 

Allí finalmente, recostado en un pesebre y sobre unas pobres pajas, olvidadas providencialmente por algún conductor de camellos, nació el Redentor del mundo, el verdadero Hijo de Dios.

 

Consideren, hermanos míos, que a Dios no le desagrada la morada pobre y humilde con tal que esté vacía: es decir, que Dios va a morar con más gusto al corazón de un pobrecito si está libre de apegos mundanos, que al de un grande y poderoso de la tierra si se encuentra lleno de ambición y de los cuidados del mundo.

 

Consideren, hermanos míos, que ese niño desde ese humilde pesebre, nos enseña la pobreza y desapego de las cosas de la tierra; pues siendo Rey no tiene trono, ni palacio, sino una miserable choza. De manera que Cristo escoge para sí lo peor: para nacer elige un miserable establo; para morir, un suplicio infame.

 

Al nacer quiso que Belén estuviese lleno de gente, a fin de que la Virgen y San José no encontraran posada: al morir quiso también que Jerusalén estuviera muy concurrido de gente, pero con el fin de hacer más público lo ignominioso de su suplicio. Luego a imitación de Cristo nos conviene que elijamos aquello que a los ojos del mundo parece lo peor; huyamos, pues, de la honra y estimación mundana, y abracémonos gustosos a la cruz de nuestros trabajos.

 

Sí, Virgen Santísima, alcánzanos aquel santo desprecio de nosotros mismos que nos ha de levantar hasta la gloria, y lo que principalmente te pedimos en esta santa novena.

 

Pida ahora cada uno... etc.

 

ORACIÓN PARA ESTE DÍA

 

¡Oh María! ¡Reina del cielo, Señora del mundo y reparadora del género humano! ¿Qué hubiera sido de nosotros, dulcísima María, si tú no fueras Madre de Dios? Por ti se salvan los justos y por ti los pecadores alcanzan misericordia; y por eso te llaman bendita todas las generaciones. Suplicámoste, Madre amorosísima, que no perdamos por nuestras culpas lo que nos has alcanzado con tus merecimientos. Mucho debemos temer en vida y en muerte por nuestros pecados; empero muchos esperamos también en tu favor y en tu gracia; por ella esperamos alcanzar la enmienda y el perdón de nuestras culpas.

 

No nos abandones jamás, María piadosísima; te lo pedimos por esa milagrosísima imagen de Belén; la misma que tantas veces ha llenado de consuelo a nuestros piadosos antepasados.

 

Oración final...

 

DÍA SEXTO

 

Adoración de los pastores al Santo Niño Jesús.

 

Apenas nació Jesús, el Padre Eterno quiso revelar su nacimiento a unos pobres pastorcitos que guardaban sus ganados, valiéndose al efecto de una multitud de ángeles.

 

Apenas oyeron los pastores una noticia tan buena, cuando convidándose unos a otros decidieron el ir en busca del Hijo de Dios. ¡Qué admirados quedarían aquellos pastorcillos cuando encontraron al niño Dios en un miserable portal y reclinado en un pesebre! ¡Con qué gusto regalarían a María y al Hijo de todo aquello que ellos poseían, y con cuánto más gusto se los hubiera llevado a sus pobres chozas y cabañas, para cuidarlos y alimentarlos en proporción de sus pocas facultades y caudal!

 

Pida ahora cada uno...etc.

 

ORACIÓN PARA ESTE DÍA

 

¡Oh bellísima María! Grande fue tu gozo cuando viste que una multitud de ángeles anunciaba a los hombres el nacimiento de tu querido Jesús, al ver rodeada su pobre cuna por todos aquellos sencillos y humildes pastorcitos que ofrecían a porfía sus servicios. Por la honra señalada que entonces hizo Dios a tu divino Hijo, por la adoración de los pastores, y por la alegría y gozo que recibiste te suplicamos, Señora, nos alcances una verdadera humildad de corazón, a fin de que nos hagamos dignos de la compañía de los ángeles, de tu protección santísima y de los favores del cielo. Así lo esperamos conseguir mediante la profunda devoción que profesamos a tu milagrosa imagen de Belén. Esta santa devoción haga que después de gustar las dulzuras de la gracia en la tierra reinemos contigo y con tu divino Hijo eternamente en la gloria.

 

Oración final...

 

DÍA SÉPTIMO

 

Adoración de los Santos Reyes.

 

Una estrella anunció a tres Reyes de la parte de Oriente que Jesucristo acababa de nacer: ella les condujo hasta el portalito de Belén, donde reconociendo a Jesús por verdadero Rey y Señor de los cielos y de la tierra, le adoraron con mucha humildad y reverencia, ofreciéndole oro como a Rey, incienso como a Dios y mirra como a Hombre. Hecho esto, los Santos Reyes regresaron a sus Estados por distinto camino del que habían traído, según les había prevenido un ángel que se les apareció en sueños.

 

Admiren, hermanos míos, la grande fe de aquellos Santos Reyes, que abandonaron sus bienes y Estados y emprendieron un largo y penoso viaje nada más que por ver y adorar al Hijo de Dios; y avergoncémonos nosotros de nuestra flojedad y tibieza, pues teniéndolo tan cerca, apenas damos dos pasos por amor de Dios y en su santo servicio para encontrarle.

 

¡Ah! Imitemos la generosa conducta de aquellos Santos Reyes, ofreciendo a Jesucristo en vez de oro, los bienes pocos y muchos que tengamos; en lugar del incienso, las honras y vanas distinciones de la tierra; y por mirra, los regalos y deleites del mundo. Y hecho esto, apartémonos como ellos de los caminos que hasta aquí hemos traído. Es decir, seamos humildes, si antes hemos sido soberbios; pacientes y mortificados, si antes dados a la ira. En una palabra, tomemos ahora los caminos de la virtud que nos llevarán hasta el cielo, abandonando para siempre los del vicio y del pecado que nos conducirán hasta el infierno. Haciéndolo así, el mismo Señor nos servirá de guía, como sirvió a aquellos Santos Reyes, conduciéndonos sin tropiezo en este mundo, para gozar eternamente de la gloria. Amén.

 

Pida ahora cada uno... etc.

 

ORACIÓN PARA ESTE DÍA

 

¡Oh María dichosísima! Que en tu humilde albergue de Belén mereciste que cantaran tus glorias los ángeles, que te veneraran los pastores y que te rindieran respeto los Reyes de la tierra; por tu alegría y contento te rogamos, piadosísima María, intercedas por nosotros con tu querido Hijo para que nos perdones nuestras culpas a fin de que podamos dignamente alabarte con los ángeles, venerarte con los pastores y ofrecerte nuestros corazones y nuestras almas a imitación de los Santos Reyes.

 

Continúa dulcísima María, ejerciendo tu protección SAGRADA sobre este pueblo, sálvalo siempre como hasta aquí de toda clase de enemigos y de toda especie de calamidades. Haz, POR TU MEDIACIÓN, que haya paces eternas entre Dios y nuestras almas. De esta manera consolados en la tierra, cantaremos tus santas alabanzas eternamente en los cielos. Amén

 

Oración final...

 

DÍA OCTAVO

 

Huida a Egipto.

 

Habiendo oído Herodes a los Magos que había nacido el Rey y Señor del mundo, y temiendo ser desposeído de su reino, que llevaba usurpado, trató de buscar al Niño Jesús para matarle... Entonces un ángel se le apareció a José en sueño y le dijo: "Levántate, toma el niño y a su madre y huye a Egipto". Apenas la Santísima Virgen y su casto esposo oyen este aviso del ángel, cuando sin reparar en lo duro de la estación, ni en lo penoso de los caminos, toman al niño Jesús y abandonando su casa, sus amigos y parientes, huyen a Egipto, tierra de bárbaros e infieles.

 

Consideren, hermanos míos, cuán temprano principia el niño Jesús a sufrir y a padecer trabajos por nuestros pecados; pues por ellos, Jesús sale de en medio de los suyos para ir a pasar miserias y trabajos a países extraños y habitados por gente desconocida e infieles.

 

Observen la admirable prontitud con que la Santísima Virgen y San José obedecieron a la voz de Dios y tomen este ejemplo de obediencia para cumplir prontamente y sin dilaciones la voluntad divina. Y por último, reflexionen, hermanos míos, sobre la suma pobreza con que las tres santísimas personas Jesús, María y José andaban aquel camino difícil y penoso: sin más recursos que una pobre bestia, sobre la que viajaba la Virgen purísima con el hijo de sus entrañas.

 

Aprendamos de aquí a tener amor a la humildad y a la pobreza, y pidamos a la Santísima Virgen nos alcance la gracia del cielo para imitarla en su obediencia, y en su humildad y santa pobreza, a fin de hacernos dignos de la compañía de su divino Hijo y de su castísimo Esposo San José.

 

Pida ahora cada uno... etc.

 

ORACIÓN PARA ESTE DÍA

 

¡María llena de gracia! que por salvar a tu divino Hijo de las manos de Herodes no tardaste un solo momento en obedecer las órdenes del cielo, abandonando tu casa, tus parientes y amigos para emprender un largo y penoso viaje a tierra de extraños e infieles; alcánzanos por tu obediencia ejemplar, por tu humildad profunda y por tu amor a la pobreza, que nos veamos siempre libres del pecado, causa de aquellos tus trabajos y de los de tu divino hijo Jesús. Esta gracia te pedimos por la mediación de nuestra venerada imagen de Belén que existe entre nosotros como prenda del amor que siempre has profesado a este pueblo, que agradecido cantará tus alabanzas, eternamente en la gloria. Amén.

 

Oración final.

 

DÍA NOVENO

 

Vuelta de la Santísima Virgen a Nazaret.

 

Después de haber pasado la sagrada familia unos sietes años en Egipto, un ángel se apareció a San José y le dijo: "Que tomara a la Virgen y al Niño Jesús y que diese la vuelta con ellos a la tierra de Israel, por haber muerto ya Herodes, que buscaba al niño para matarle".

 

Admiren, hermanos míos, los designios de la Divina Providencia. Primeramente salva al Niño Jesús, aunque en países extraños, tolerando por algún tiempo el triunfo efímero y miserable del desdichado Herodes; mas por fin llega un día en que el tirano perseguidor muere, e inmediatamente esa misma Divina Providencia, cuida de hacer volver al seno de sus parientes y amigos a los inocentes y perseguidos. ¡Cuánta sería la santa alegría de Jesús y de María y de su castísimo esposo, al verse otra vez en su propio país y en medio de sus amigos y conocidos!

 

Aprendamos, hermanos míos, a tolerar con santa paciencia los trabajos y persecuciones de esta vida, pues al fin se han de acabar; y Dios ha de juzgar la intención de nuestros perseguidores, al mismo tiempo que ha de premiar eternamente la paciencia y el ejercicio de las virtudes cristianas a que durante nuestra vida nos consagremos.

 

Pidamos a la Santísima Virgen que por la santa alegría que tuvo al ver levantado su destierro, nos alcance la gracia de que sea levantado también el que sufrimos en este valle de lágrimas, para poderla acompañar eternamente en la gloria. Amén.

 

Pida ahora cada uno... etc.

 

ORACIÓN PARA ESTE DÍA

 

¡Virgen amorosísima! Nadie llegó jamás al pie de tus altares sin alcanzar lo que pedía. Por la fe viva y ardiente con que te dieron culto nuestros antepasados, y por la santa alegría con que volviste a Nazareth al seno de tu familia y amigos: te pedimos el descanso eterno de las benditas ánimas del purgatorio, y principalmente las de nuestros padres, hermanos, amigos y bienhechores. Y te pedimos, además, ¡Virgen y Señora nuestra! nos tengas siempre a nosotros bajo tu protección y amparo, a fin de que llenos de bendición y de cristiano gozo podamos practicar todos los años esta santa novena. De esta manera alabaremos y bendeciremos tu santo nombre en la tierra, hasta que podamos hacerlo eternamente en la gloria. Amén.

 

Oración final...


 

 

 

GOZOS

 

ESTRIBILLO

 

Ángeles, Pastores, Reyes,

sus dones hoy te envían,

justo es que nuestras lenguas

hoy todas te bendigan.

 

1

A ti siempre aclamamos

¡Oh! Virgen de Belén,

que eres de nuestro pueblo

el más precioso bien.

 

Ángeles, Pastores, Reyes…

 

2

Madre llena de gracia,

dulcísima María,

por la senda del cielo

a nuestras almas guías.

 

Ángeles, Pastores, Reyes…

 

3

Reina del cielo y tierra,

nuestros ruegos atiende,

y nuestras pobres almas

de todo mal defiende.

 

Ángeles, Pastores, Reyes…

 

4

Inspíranos, Señora,

el más ardiente amor.

para seguir constantes

a nuestro Redentor.

 

Ángeles, Pastores, Reyes…

 

5

Acoge, pues, benigna

nuestra súplica humilde

y por ti del Señor

la gracia en todos brille.

 

Ángeles, Pastores, Reyes…


 

Para más información sobre la devoción e historia de la Virgen de Belén, puede dirigirse a la página electrónica:

 

www.virgendebelenpr.org

 

al grupo de Facebook:

 

Angélica Cofradía de Nuestra Señora de Belén

 

o a la sede de la Cofradía:

 

Angélica Cofradía de Nuestra Señora de Belén

Catedral de San Juan Bautista

Calle del Cristo, 151

San Juan, Puerto Rico 00901


 

[1] La crítica moderna atribuye esta pintura a la escuela flamenca del siglo XV.

[2] Hoy Parroquia de San José.

[3] En 1508 se fundó la Villa de Caparra, luego llamada Ciudad de Puerto Rico, y más tarde San Juan. Fue trasladada al lugar que hoy ocupa en el año 1521.

[4] Véase la Biblioteca Histórica de Puerto Rico de los siglos 16, 17 y 18, formada por D. Alejandro Tapia y Rivera, en 1854, con vista de documentos oficiales y auténticos tomados de la Secretaría de Gobierno y de otras oficinas que conservan muchas noticias históricas de esta Isla. (Nota del Dr. Gerónimo M. Usera)

 

 

 

12/09/2015